Las elecciones en Estados Unidos
Obama a la Casa Blanca
Ramón Sánchez-Parodi Montoto*
Al cierre de esta edición, sin haberse terminado el conteo de los votos, las proyecciones de las cadenas de televisión y agencias noticiosas en la noche del martes daban a Barack Obama como ganador en los estados de Pennsylvania y Ohio, sellando la suerte de la elección presidencial en Estados Unidos. El senador demócrata por Illinois ocupará la Casa Blanca desde el próximo 20 de enero como cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos.
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Entre mediados de septiembre y el pasado 31 de octubre en 32 estados de ese país, un estimado de 27 millones de electores fueron autorizados a depositar su voto por adelantado, sin tener que presentar una justificación. En el resto del país, otros 13 millones también lo hicieron demostrando tener una razón y justificación para ello. Hay registrados unos 187 millones de votantes, pero deben ejercer el sufragio unos 120 millones, lo que equivale, según especialistas, a que el 30% de los electores ya habían votado antes del 4 de noviembre.
Cerca de un 60% de esos votantes eran afiliados demócratas que se considera votaron a favor de Obama. Un indicio temprano de la victoria que anunciaron antes de la medianoche los medios de difusión norteamericanos.
Barack Obama ha desarrollado una sorprendente y meteórica campaña que lo lleva hacia la Casa Blanca, caracterizada por una sistemática, metódica y perseverante organización. Aunque es evidente que su intención de llegar al más alto cargo del poder ejecutivo norteamericano surge desde mediados de la década de los años 80 del pasado siglo, el hito más reciente en ese camino lo constituye el magistral discurso que pronunció en la Convención Demócrata del 2004, a lo cual siguió su elección como senador federal en las elecciones del 2006, cuando los republicanos perdieron el control de la Cámara de Representantes y del Senado.
En esa trayectoria, septiembre del 2007 marca el momento en que Obama pasa de ser un político más entre el pelotón de aspirantes a la presidencia, prácticamente desconocido para la población norteamericana y solo mencionado por su discurso del 2004 y el hecho de ser negro (o afro-americano), a colocarse entre los punteros de la ruta. Es la ocasión cuando Obama toma como bandera la oposición a la guerra en Iraq (tema por entonces en el primer plano de la atención pública) y se equipara en recaudación de fondos a Hillary Clinton, favorita entre los candidatos demócratas.
En rápida y espectacular sucesión, en diciembre Obama logra emparejarse a Hillary en las encuestas de opinión pública como candidato favorito y se anota un brillante triunfo en el primer evento de las primarias, los caucuses de Iowa del 3 de enero de este año, relegando a Hillary a un deslucido tercer lugar. El 5 de febrero, en el Gigamartes, le cierra a su contrincante demócrata la posibilidad de conquistar un número sustancial de delegados, lo que repite posteriormente en el Supermartes del 4 de marzo y con una sucesión de victorias en primarias y caucuses durante los meses de febrero y marzo.
En el "sprint" final de las primarias consigue, a mediados de mayo, empatar y superar decisivamente a Hillary Clinton en el número de superdelegados (en la práctica representa el respaldo del "establishment" demócrata) que apoyan su nominación y, finalmente, antes de que se cierre el período de primarias, rematar el trayecto hacia la nominación a la presidencia por el Partido Demócrata al obtener el número de delegados necesarios.
En esos menos de nueve meses, Obama se convirtió en un personaje histórico en la política norteamericana, con el respaldo de la mayoría del "establishment" demócrata. El pequeño y débil grupo de un año atrás, con Obama como figura central, había derrotado en las primaras y desplazado del control del Partido Demócrata a la formidable maquinaria política de Bill y Hillary Clinton, creada en un período de tres décadas, incluyendo los ocho años cuando Bill ocupó la presidencia de Estados Unidos.
Contrariamente al criterio sostenido por comentaristas y especialistas políticos de que la tenaz lucha por la nominación entre Hillary y Obama amenazaba con dividir al Partido Demócrata, esa pugna contribuyó decisivamente a la unión entre las distintas tendencias y ha sido un factor clave en la victoria que hoy se materializará en las urnas. Por el contrario, aunque John McCain logró, desde fecha tan temprana como febrero, garantizar la nominación por su Partido como candidato a la presidencia, fue porque sus contrincantes abandonaron la lucha, y no como resultado de la unidad o aceptación de su candidatura por las distintas fuerzas republicanas. Esta diferencia entre la forma en que uno y otro candidato obtuvieron la nominación, constituirá un factor clave en los resultados de las elecciones de hoy.
Aunque el clima político en Estados Unidos determinaba que esta es una elección donde los demócratas debían lograr elegir su candidato a la presidencia del país, ese triunfo ha estado calzado por una campaña electoral muy eficiente, diseñada y ejecutada por un equipo muy cohesionado y leal a Obama que se ha mantenido unido toda la contienda.
Desde un inicio, Obama se propuso dar batalla a sus opositores, fuesen los otros aspirantes demócratas o su rival republicano, en todo el territorio nacional y ello le permitió darse a conocer, crear vínculos en el aparato y bases del Partido en todo el país y acumular fuerzas, primero entre los delegados a la Convención Demócrata y adicionalmente en la identificación y registro de potenciales votantes con vistas a las elecciones del 4 de noviembre. En contraste, tanto Hillary como McCain adoptaron la forma tradicional de hacer campaña, basándose en los lugares y grupos que históricamente se han inclinado a uno y otro partido.
Crucial para Obama en el desarrollo de esa estrategia fue el empleo de millares de voluntarios, de la creación de grupos profesionales de campaña en todos los estados y de una red integral en Internet. Consiguió así presentar batalla en todos los escenarios, captar cientos de miles y hasta millones de votantes, dar a conocer a Obama, divulgar sus posiciones y enfrentar las campañas de descrédito contra el candidato que llevaron a cabo tanto el equipo de Hillary Clinton como el de McCain.
Pero, muy en especial, la campaña de Obama impuso récord en un importantísimo e imprescindible componente en la lucha por la presidencia: la recaudación de dinero, abarcando tanto las pequeñas donaciones de ciudadanos individuales durante las primarias como las decisivas contribuciones financieras de instituciones y empresas en la etapa final de la campaña durante los meses de octubre y noviembre. No solamente la campaña de Obama contó con más de tres millones de donantes, sino que entre ellos se destacó el importante aporte del núcleo de poder económico y político norteamericano. Obama llega a estas elecciones con el respaldo de la clase dominante de Estados Unidos. Aunque no se tienen las cifras finales, las donaciones a la candidatura de Obama pueden fácilmente sobrepasar la cifra de $800 millones de dólares. Ya, con lo que se conoce oficialmente, Obama ha recaudado más dinero que lo recaudado conjuntamente por los candidatos George W. Bush y John Kerry en las elecciones del 2004.
Para que se tenga una idea del costo de esta campaña, podemos apuntar que el Center for Responsive Politics calcula que desde enero del 2007 hasta la fecha se habrán gastado $2,4 mil millones de dólares en la elección presidencial y $2,9 mil millones de dólares en las de los 435 congresistas y 100 senadores federales: un total, solo en esos dos eventos, de $5,3 mil millones.
Cuando se analizan los distintos aspectos de la campaña de Barack Obama, podemos constatar que, salvo pequeños baches en marzo y abril durante las primarias y en la segunda semana de septiembre, su candidatura siempre ha estado en ascenso y en un desempeño más fuerte, cohesionado y bien definido que las de sus rivales, incluyendo a Hillary Clinton y a John McCain.
A partir del 14 de septiembre, la explosión de la crisis financiera representó el puntillazo a las aspiraciones presidenciales del candidato republicano, quien a pesar de esfuerzos desesperados (entre ellos una entrevista al ultra conservador periódico Washington Times - no confundir con el Washington Post) donde criticó fuertemente a la Administración Bush, no ha podido deshacerse de la maldita herencia de los últimos ocho años de mandato del inepto George W. A ello se suma el pobre desempeño de su elegida como compañera de fórmula, la amazona ártica de Alaska, Sarah Palin, y de las infelices actuaciones de ambos en los tres debates presidenciales y en el vicepresidencial. Esto completa el panorama de la debacle republicana de hoy.
La contienda ya no era pareja entre McCain y Obama. El demócrata llevaba una amplia ventaja y solo quedaba a su rival la esperanza del oculto factor racial a la hora de votar. Lo más esperado era que Obama ganara por un amplio margen del voto electoral, posiblemente sobrepasando el nivel de 300 votos, conquistando estados como Virginia, Nevada y Colorado de fuerte tradición republicana y hasta otros pendulares como Ohio o Florida.
El triunfo presidencial demócrata estará acompañado por la segunda victoria consecutiva de dicho Partido en las elecciones del Congreso federal. No es improbable que el margen de control demócrata en la Cámara, que hoy es de 36 congresistas, se amplíe a 100, lo que representaría una ganancia neta en estas elecciones de 30 escaños. En el Senado, también está dentro de las posibilidades que los demócratas ganen la ansiada cifra de 10 nuevos senadores, lo cual les aseguraría el total de 60 senadores para derrotar al "filibusterismo", que se ejercita en determinados debates y votaciones en esa Cámara.
Así Barack Obama completa una jornada histórica y tendrá que enfrentarse a otra.
* El autor es especialista en Relaciones Internacionales y fue jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Estados Unidos de septiembre de 1977 a abril de 1989.


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PURA CASUALIDAD
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Couturier relata en un tono ligeramente conspirativo el resto de la historia. O al menos lo que se conoce. En el verano de 1967 el editor y militante izquierdista italiano Giangiacomo Feltrinelli llegó al estudio de Korda buscando una fotografía del revolucionario. Feltrinelli venía de Bolivia tras mediar con el gobierno de ese país en la liberación del periodista francés Régis Debray, que había acompañado como observador al Che en sus primeras acciones. Al parecer Guevara habría entregado al francés su diario de guerrilla, y este a su vez a Feltrinelli. La fotografía del Guerrillero Heroico serviría pues para ilustrar la portada del libro que tenía intención de publicar. Korda le regaló dos copias, no hubo más paga que la gratitud del italiano.
¿Fueron esas las primeras exhibiciones públicas a gran escala de la imagen del Guerrillero Heroico? Couturier niega con la mirada y se dirige hacia un número de la revista Paris Match expuesto a pocos metros. El magazín muestra un artículo sobre el movimiento revolucionario en América Latina (“Les Guérrilleros” de Jean Larteguy) ilustrado a página completa con la foto de Korda. “Solo que la fecha de publicación [19 de agosto de 1967] es dos meses anterior al asesinato del Che en Bolivia [9 de octubre de 1967]”, sonríe el galerista, y añade “hasta hace pocos años nadie pareció recordar la existencia de este artículo y daban por bueno el dato de que Feltrinelli fue el 'descubridor' de la imagen para el gran público pero, en su día, el ejemplar de Paris Match debió de contar con una amplia difusión no solo en Francia sino también en muchos países de Europa occidental”.
“Eso quiere decir -explica Couturier- que pese a la ínfima difusión que hasta ese momento había tenido el retrato (recordemos, solo en un par de ocasiones 6 años atrás) ya había gente incluso en Cuba que supo apreciar la fuerza y el potencial simbólico que había en el trabajo de Alberto Korda”.
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La
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