Un puente entre Santa Clara y San Antonio
| No voy a sacar la cuenta de los premios obtenidos por Pedro Méndez en las Bienales Internacionales del Humor de Santa Clara —ahora, en la de este año, conquistó el cetro en historieta—, ni tampoco los cosechados por las huestes bajo su abrigo. Solo quiero destacar en esta nota un hecho que, debido al fatalismo geográfico heredado y que todavía de cierto modo padecemos, a veces se pasa por alto. Se trata de que desde el mismo inicio de los años 70 del siglo que no hace mucho despedimos, la ciudad de Santa Clara se ha convertido en uno de los polos más interesantes y creativos del humorismo gráfico cubano. Todo comenzó cuando a raíz de la mítica Zafra de los Diez Millones, el periódico Vanguardia, entonces diario de la provincia de Las Villas, decidió acompañar aquel esfuerzo colosal con la publicación de un suplemento humorístico. Si no me falla la memoria en el empeño se involucraron el director del diario, Alfredo Nieto Dopico, personaje emprendedor que luego llegó a ser presidente del Poder Popular en Santa Clara y un buen día marchó a la Ciénaga de Zapata, a instancias del comandante Faustino Pérez para preservar la fauna del humedal más grande de Cuba, y Douglas Nelson Pérez (Chispa), un tipo singular, mezcla de sátiro e intelectual, cuyas mejores obras han sido, además del suplemento aludido, el diseño original del periódico cienfueguero 5 de Septiembre, el desprendimiento para promover talentos ajenos, y un hijo, Douglas Pérez, quien muy joven aún, es ya una figura imprescindible de las artes visuales de nuestro país. En esa historia entró Pedro Méndez. Pedro a secas, como estampa su firma al pie de sus dibujos. Pedro venía de Báez, un polvoriento pueblo a medio camino entre el Escambray y el llano, que entró a la historia con el Frente Las Villas, comandado por el Che. Pedro era entonces la intuición y la intención. Con el tiempo, la intención se mantiene y agudiza, pero el oficio ha ido creciendo entre su imaginación y su plumilla (ahora, aunque cuenta con la ayuda de la computación, sigue siendo un artesano del dibujo). Pedro tenía y tiene la sensibilidad de saber conectarse con el sentido popular del humor, sin que por ello deje de tener un sólido basamento intelectual en la elaboración de sus chistes y la plasmación de situaciones. Se hizo de una línea propia, identificable desde lejos. Y, por su liderazgo natural, pronto fue, y sigue siendo, director de aquella publicación que sobrevive contra tiempo y marea, falta de papel y mucho maldeojo: Melaíto. Esa, además de su obra, es la gran criatura de Pedro. Por muchos años fui testigo de cómo las ocho páginas de Melaíto se aguardaban como pan caliente los fines de semana en los estanquillos… y hasta del contrabando de los repartidores para adjudicárselo a clientes fijos. Melaíto se definió por un humor costumbrista de nuevo tipo, agudo e implacable contra las excrecencias burocráticas, las rémoras sociales y las fallas éticas, pero también por exaltar voluntades, combatir a los enemigos y dignificar al hombre común. A la vera del magisterio de Pedro crecieron dibujantes singulares. Los dos mejores: Ajubel y Martirena, sin desdorar a los demás, incluso a Roland, a quien le debemos una antología de sus textos, pues siempre lo he considerado mejor (de los mejores en el país) escritores en esa línea que dibujante. Cuando lo conocí, Ajubel era todavía Alberto, un flaco de Sagua la Grande de improbable ortografía y poética imaginación. Hoy es Ajubel y desde España nos regala con la excelencia de su arte. Martirena es un dibujante de primera y un conocedor pleno de la idiosincrasia del cubano. Su humor ha entrado en el siglo XXI con genio, ingenio y esplendor.¿Y Pedro? De lo mejor. Y no lo digo por su último premio en San Antonio, sino por esa obra múltiple visible allá y aquí, en las páginas de Granma, donde colabora aún cuando los cheques le lleguen tarde o nunca. Como Chispa, también se siente autor de una caricatura admirable: su hijo Jamler, profesor de San Alejandro y humorista de fina estampa. Pensándolo bien no estaría mal que alguna vez Santa Clara fuera subsede de la Bienal del Humor. ¿Por qué no? Tomado de www.lajiribilla.cu Por Pedro de la Hoz |

Meneame
del.icio.us



